4.24.2010

manguera

Hoy recordé que había una época en la que la policía venía a infraccionarte si estabas regando tu jardín y el agua de la manguera llegaba a la vía pública. ¿Cuándo dejó de suceder? ¿Cuándo llegamos al día en que pensar que la policía se ocupe de cuidar el agua es una idea ridícula y absurda?


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2.15.2010

Miedo

Algunos venden su casa, cruzan la frontera. Hacen maletas, cargan con cosas.
Otros venden su voz.

Las calles poco a poco se vacían. Las noches dejan de ser de diversión. Se cierran las puertas conllave y se pone la gente a rezar.


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10.04.2009

sábado de tiros

Abres los ojos a las once de la mañana. Todo está oscuro todavía. Los cierras otra vez. Estiras las piernas y restriegas el empeine contra el borde del colchón. Sonríes dormida todavía, con la nariz pegada a tu hombro izquierdo. Alcanzas el iPhone con la mano. Es tu secreto. Paseas el dedo por la pantalla, miras, lees, encuentras. Intentas alargar la mañana en la cama. Imaginas. De pronto una urgencia te saca de la modorra. M vendrá a tomar un té antes de ir a comer a casa de su suegra. Te enjabonas como si supieras un secreto. Sonríes. Con la mano derecha te tallas uno ojo. Usas la derecha porque en esa mano llevas el anillo que te hace sentir adulta. Te vistes. Suena el teléfono. Tu mamá te pregunta si has desayunado. Acaba de volver de una despedida de soltera a la que prometiste acompañarla pero lo olvidaste. Te cuenta cómo fue y en dónde. Ahora está en el supermercado y, en realidad, no te habla tanto para saludarte, aunque te aclara que sí, como para pedirte que llames a la casa y le hagas un favor. Tiene un celular nuevo y no sabe usarlo bien. Aparentemente es una Blackberry, pero es difícil saber. Por algún motivo sólo ha conseguido llamarte a ti. Olvidó su cartera en casa. Te ríes mientras tiendes la cama al descuido, si pudiera ver que no has doblado las sábanas como ella te enseñó. ¿Podrías llamar a tu hermano y pedirle que se la lleve al súper? Te parece absurdo. Intentas explicarle cómo marcar, le pides que describa la pantalla. Tocan la puerta. Es M que ha venido y tiene sólo una hora para charlar. Al teléfono dices que sí sí sí y cuelgas. Abres la puerta y además de M están los fumigadores intentando convencerte de que los necesitas. No los necesitas. Abrazas a M y te apena un poco el pelo mojado, la cara recién lavada. Un chisme, otro, aquí está el agua ¿quieres Cloud 9 o Ancient Happiness? De pronto, entre una cucharada y la servilleta, lo recuerdas. Tienes que llamar a tu hermano. Le marcas al celular. No contesta. Marcas al fijo. Alguien más contesta. Explicas, llamada en espera, tu hermano. Hermano, tu mamá llamó, necesita que la rescates en el súper. Hermano se escandaliza ¿no podría llamarlo a él personalmente? Explicas, teléfono nuevo y de quién fue al final la idea de darle una Blackberry. Que no, te dice, no es una Blackberry y refunfuña otro poco y después te cuelga. Regresas a M y a todas las cosas que deberían decirse porque hace cuánto que no se ven. Vuelve a sonar tu teléfono. Tu mamá otra vez. Te dice que está bien pero que cerraron el supermercado. Hay una balacera. La cara de M cambia sólo de ver la tuya. Preguntas cosas tontas. Tu mamá está sorpresivamente calmada. Te cuenta lo que está pasando y te recuerda que no sabe cómo hacer llamadas a otros teléfonos. Pero que estés tranquila, ella está bien. Pero tu hermano. Tu hermano que se había marchado luego de que le dijiste, a llevarle la cartera, él está en el estacionamiento. Afuera hay tiros. Dices te quiero y cuelgas el teléfono. Marcas el número de tu papá, piensas mil cosas. Tu papá te pone al tanto: Estamos todos a salvo, menos tu hermano, que andaba en la calle. Pero ya habló con él y está bien. Ahorita, te expllica, nadamás falta él. Tu mamá está encerrada pero está bien. Tengan cuidado, le dices y sientes algo feo en la panza. Abres la página del periódico, M te mira con los ojos abiertos. No hay nada. Sirves otra taza de té. Piensas en Dios. Le pides. Intentas concentrarte en la conversación. Recuerdas que hace un año, o un poco menos de un año, tú y M estaban sentadas en los mismos banquitos la noche de Thanksgiving, en la víspera de la muerte de tu abuelo. Tienes un mal presentimiento. A doscientos kilómetros hay una balacera y tu mamá y tu hermano están cerca del peligro. No puedes hacer nada más que servirte otra taza de té y pensar en Dios. Pedirle en silencio y respirar hondo y tratar de no pensar. Imaginas los soldados y el ruido y la gente. Te preguntas si estarán tirados en el suelo. Te preguntas si tu hermano estará mirando pasar las balas muy cerca, si tiene la cara contra el pavimiento, si hace mucho calor. Te preguntas si es verdad que tu papá está a salvo o si sólo quería tranquilizarte. Quieres llamar otra vez pero sientes que vas a estorbar. No quieres estorbar en medio de la crisis y el caos. ¿Qué clase de país habitas? Este miedo tan cotidiano, tan carrito del súper, tan sábado a mediodía, tan otro sorbo a la taza y mirar la pantallita del celular. Esperar que pase. Desear con muchas ganas volver a librarla. ¿Habrá de otra? ¿Hay algo más que cerrar los ojos y esperar a que termine?

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5.04.2009

eneunohache...

Quiero escribir sobre el cuerpo.
El mío.

Cómo hacerlo cuando estos días el que importa es el de los demás. El cuerpo colectivo. Nuestra salud. La de todos. La influenza, por lo visto, sería un tema más apropiado. Sobre ella voy a decir sólo lo de rigor.

1. El mundo se dividó por fin en dos: Los influenzofóbicos y los influezocínicos. Unos y otros son unos tarados.

2. Las teorías de la conspiración, apréndanlo bien, tienen un error fundamental: Descansan sobre la idea de que las personas conspiran. Ni los fabricantes de cubrebocas, ni Obama, ni el PAN, ni monsanto, ni el PRI, ni el G-7 ni tu abuelita ni la mía.

3. Hay que volver a leer a Norbert Elías. Si va a ser por la influenza, no importa. ¿Vieron que no era manía mía eso de insistir en lo de que estornudar como la mayoría de las personas no sólo es de pésimo gusto sino un riesgo para la salud de los demás?

4. Nos gusta sufrir. En el Bluckbuster estaban agotadas todas, todas las películas del fin del mundo, zombies, catástrofes y demás. Ándenle, ándenle.

5. Los medios. Los medios. Los medios. Lo siento, pero.

6. ¿Vamos a enfrentar el apocalipsis con tapabocas y botellitas de antibacterial? ¿Neeeeta?

7. El hermanuel es sabio: Sugiere que nos esperemos a ver qué trae el fin del mundo del 2012 que predicen los mayas. Capaz que este trae algo más interesante.

8. Quienes se quedaron en casa (pero sí salen al Blockbuster, al super, al oxxo) para protegerse del virus no se bañaron. Lo sé por su ropa y su pelo y su olor y sus apachurrados cubrebocas en las filas y en las calles.



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8.29.2008

iluminemos

La otra mañana, mientras escuchaba a Pedro Ferriz hablar sobre la inseguridad en el país, me eché a llorar desconsoladamente. Llegué a la escuela hecha un desastre. Y eso que hace un buen tiempo que se me hace que Pedro es un facho de lo peor. Pero ese día tenía razón. Ese día lo que decía me habló a mí.

Por eso mañana voy a marchar. Porque no se vale. Porque estoy indignada. Porque no es justo.

Porque extraño a la güera que es como mi hermana y que tuvo que marcharse de pronto, sin que nos despidiéramos. Porque la gente que amo tiene que vivir lejos y asustada y los malhechores siguen caminando en nuestras calles, paséandose frente a nuestras narices, cobrando los sueldos que les pagamos con nuestro esfuerzo diario. Porque tenemos que decirle al mal gobierno que ya basta. Porque no podemos vivir temerosos ni pasándonos todos los altos por las noches, ni teniendo un ataque de nervios cada vez que un tipo nos mira en el oxxo cuando sacamos dinero. Porque merecemos poder abrazar a los que amamos a la hora que queramos. Porque no podemos ser esclavos del teléfono para que los demás no se preocupen por nosotros. Porque tengo rabia del vecino que se cruza de brazos y mira para el otro lado. Porque no les vamos a dejar el país. No.

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