11.05.2007

egoísta

A veces, cuando no tengo otra cosa qué hacer, o cuando sí tengo, pero me hago güey, se me ocurren todas las cosas que quiero tener y no tengo. En lugar de pensar en la gente de Tabasco y sus tragedias, pienso en mí. Pienso en que diez años después, mi reloj plateado por fin murió. No la pila, no nada de eso. Se le cayeron los números, se atrasa incluso cuando el horario de verano no lo marca así. Quiero unos zapatos negros de tacón medio alto, con un peep hole para el dedo gordo. Quiero una bolsa negra que le combine a los zapatos. Un cocktail ring. Una ipod. La agenda semanal del Moleskin, o la de City que tienen en McNally Robinson. Quiero mucha música. Quiero quiero quiero. Yo Yo Yo, me me me.

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1.20.2006

en el moleskin

Encontrar una historia. Atraparla. Hacerla mía. Después, tirarla, abandonarla a las palabras. Contarla. ¿Cuál es la historia? Tanto tiempo, tantas palabras y me queda al final la impresión de que es sim´ple, de que es todo lo que necesito. Se fue el güero. Podría escribir eso, el güero yéndose. El gerundio y el maldito spanglish. El güero y su partida. Qué feo todo este asunto de tener una pierna en inglés y la otra en español. Escribir así, como con un zapato de uno y otro de otro. Como con un tenis y un tacón alto. Disparejos. Y en el camino me tropecé con el vikingo. Yo, dividida. Con una pierna aquí y la otra allá. ¿Cómo volver a escribir? Como si me hubiera fracturado el huesito de escribir y de pronto la rehabilitación, la terapia y trazar unas primeras letras torpes, andar los primeros garabatos del año en esta cudad que ya no es mía. Que es mía, pero que se me escapa con cada segundo. Que me abandona. La ciudad que ha cumplido con su parte del trato y empieza a alejarse y yo que no estoy lista. No quiero irme y no encuentro la manera de quedarme.

10.22.2005

Write well

Ms. Pattchet. Sonríe desde sus ojitos cansados y dice How are you? No sé exactamente qué decirle mientras sostiene la copia de Truth and Beauty que va a firmarme. Una hora antes, cuando empezó la lectura advirtió a la concurrencia algo along the lines of: There is a reason why this is the only time I'm going to read from this book. My best friend died. También dijo Please, when you come forward to have your book signed, do not tell me that someone you loved also died from an overdose, or something. It's just emotionally exhausting after forty-five people come in with some terrible story. Tiene una sonrisa amable, pero no sé exactamente qué decirle. Entonces miro el libro que tiene en sus manos y le cuento en un inglés tembloroso y anudado en una emoción que no sé de dónde salió: I read your book twice during the summer, and then I had to put it away from me. (Se sorprende) I wrote about it to some of my friends back home and a writer friend wrote back said she couldn't find it in Mexico and could I please mail her a copy? So I went and got her one and sent it. And you know, I just realized, I sent her my copy. I kept the new one, I sent her my little notes and scribblings and the important folded pages. Sonríe y me parece que es verdadero y bello. Después, cuando recuerdo lo que sentí cuando leí esto, añado: You know, when I read about waitressing and writing, it occurred to me for the very first time that maybe writing is only an intimate way of saving ourselves and nothing more. Maybe, for me you know? And then I'm out of there, my silly heart still pounding. Why do we write? I still don't know. Lately, I haven't really. I'm off to unwritten territories and perhaps I shouldn't. It's like denial. If I don't write about it, then I don't have to deal with it. But I do. The words are still here. Maybe not here, in this white little space with the crimsom heading. Somewhere. Are they still in Spanish? Are they still lonely and hurting? The writer and the slavery of the reader's gaze. The need for this gaze. La mirada ajena. But do we want their voices also? Do we need them? Read this, but don't tell me about it. See what I wrote? Sh. Don't answer. And thus the comments are expelled. I chew on this idea while I make up my mind. Should I walk sixteen blocks downtown home or take the subway? Winter will soon be here and then I won't have a choice. I had a choice this morning, stupid blistering shoes. Aren't you cute, with your caramel skin and the tiny straps. You're killing me. And the shoes sing against Union Square while the feet make a go for the subway stairs. Maybe I should become a serious reader and drop the pen altogether. The Moleskin makes it way out of the sea of homework and paper and I open it. My beautiful forgotten friend. I open it. The last few pages: Print out for Patty info on Grpahic design and Illustration at Kingsbourough CC. This is not my handwriting: MUST! In Between Boyfriends Book by Cindy Chumpack. Tres cuartos de página desperdiciados. October 17th: Read paper again and make last-minute changes. Submit. Translate Annie's letter for advocacy. Email union representative (can I still collect my check on payday?). Buy rainboots. Blue pen: October 18th, 2005. D comes over for (Mex) dinner "yummy and spicy". Sincronizadas? Something hassle-free. Tortillas, tomate, jalapeño, aguacate. Crema. Frijoles? And then: Lo mío no es el trabajo de campo. NO tengo que andar inventando. Los libros, los libros, el análisis. No inventes, ¿etnografía? La invención guárdala para otra cosa, la escribancia. Whew. There I am. That one is my voice. Not the lists of neverending to-dos. Here's the six train. I sit next to a beautiful girl. I like the way he says girl. It's like in England but not, nicer. The i never makes it way into his version. Jermosa, also. Sigh. I need these bangs to start growing soon. And then, I remember. Truth and Beauty. I open it. To Maztrich, Thank you for buying the book twice. Write well and believe in yourself. A. Pattchet.

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8.14.2005

casero

(En mi Moleskin negro)

Ayer me desperté con la camiseta de Brooklyn alrevés. Estaba oscuro cuando llegué y no me gusta prender la luz. Como si fuera a despertar a alguien. Como fingir que hay alguien que se daría cuenta de la hora que era cuando llegué. Como si no estuviera sola. La camiseta alrevés y los párpados pegajosos. Tengo algo en los ojos y todavía no es otoño. Qué raro. La noche anterior había descubierto un lugarcito que me gustó. Iba a una cosa y resultó ser otra, como casi siempre. Hay gente a la que esto le molesta. Not me. Era como, como un lugar en el que tal vez he estado antes pero no sé exactamente. Tal vez fuera una sensación. La de estar cómodo y contento y gustar de lo que uno ve, aunque esto no sea perfecto. Era un café eslash bar. Rojo por dentro. Lleno de sillones disparejos. K dijo que era como estar en Urban Oufitters. Tal vez fuera un poco como eso por la decoración, pero. En el bar de la Casa del Maíz era parecido, aunque sólo fui pocas veces. Son las seis y media de la tarde y vine a desayunar berenjenas a la barra de Café Gitane. Le ponen tapenade y queso de cabra y pesto. Se necesita, creo, cierta actitud para ir a un restaurante lleno de gente cool y sentarse a la barra y no sólo pedir una bebida (a ginger ale, please), sino además comer (I'll have the grilled eggplant). Sentirse agusto bajo la mirada ajena. Todavía no sé si me siento a gusto de verdad, pero es como si tuviera que obligarme a. Hace cinco minutos entró una muchacha despeinada con una faldita minúscula. Pidió una cocacola y se puso a hojear una revista. Tal vez fuera porque había empezado a llover y no tenía paraguas. Tal vez esperaba a alguien o tenía sed o quería leer la revista. Recién pagó dos setentayuno y se fue. Estaba en otra parte. Tumbada en un sillón de un cuarto pintado de rojo con una bohemia de tres dólares en la mano en el medio de la nada de Billyburg. Decidí que me gustaba y, cosa rara, casi inmediatamente después me entristecí. No conozco a nadie con quién volver. K sólo fue por lo del dj que no apareció por ninguna parte. En su lugar había un trío liderado por un pianista inglés que cantaba bien pero que no se sentía a gusto de terminar las canciones. Siempre terminaba con alguna cosa rara, una tecla fuera de melodía, un chiste malo, no sé, muy extraño. K no va a querer volvver. D ni pensarlo, nunca podría traerlo aquí y por ende a ninguno de sus amigos. Luego, pienso en otra gente que conozco y tampoco, son too latino, too loud, too salsa para entenderlo. Tal vez Shamán vendría. ¿Vendría porque le gusta o porque casi siempre consigo que me siga la corriente? A vendría un par de veces por sentirse alternativo. ¿R? Se me ocurrió en automático, como si estuviera pasando lista. Tal vez porque Caetano cantando Billie Jean (por eso me simpatiza este lugar). Él lo disfrutaba todo, creo. Encontrar el placer de un rincón oscuro en un antro perdido al que uno tarda una hora en llegar. Es que además me gusta, me gusta estar ahí, esa música, esa gente a la que no le importo. La mujer del sillón de junto lleva unos shorts que más bien son oversized panties de rayas blancas y anaranjadas y unos zapatos planos y una blusa llena de piedritas brillantes. No puedo importarle menos. Se llevan el plato donde hace unos minutos llegaron calientes y deliciosas las berenjenas. Sentarme en la barra y tomarme un té de menta me sabe tanto a casa, un gusto tan a casero que me asusta.