6.02.2005

Progresos?

El semestre pasado, en el centro este de rehabilitación, llevé un curso de manera, digamos, subliminal. Creo que el título era Apreciación del Fútbol Mexicano (con opción del certificado con Preparación de Botana), o algo así. Todos los fines de semana, a partir de las cinco de la tarde, en este domicilio se sintonizaban sin falta los partidos del Monterrey (me imagino que la elección del material correspondió a las preferencias del instructor). La asistencia no era requerida, pero el partido se mostraba de todas maneras. Un poco por socializar, un poco porque el espacio es reducido y no hay otro lugar a dónde ir para comer más que a la sala, frente a la tele, fui aprendiendo algunas cosillas que me había resistido a comprender en todo este tiempo (me refiero a mi corta vida). En ocho años que viví en Monterrey puedo decir con orgullo que NUNCA he ido al estadio a ver un partido de soccer (aunque se enojen, porque de americano sí), jamás ví un partido más que de pasada y nuncanuncanunca entendí de qué se trataba el jueguito ese. Sí claro, de poner la pelota en la portería del contrario, pero hasta ahí. Pues el examen final llegó hace tres semanas, me parece, sin previo aviso. Me había quedado sola unos días antes de ir a México. El co-instructor de la clase llamó con cualquier pretexto y me parece que mencionó que había una final. Saprissa-Pumas, lo recordé. El co-instructor es de Costa Rica, y también se encargó de mi educación futbolera este semestre. Llegaba siempre con materiales adicionales que lograban estimular mi interés en la clase (botana y cerveza) y con paciencia contestó al menos tres veces mi distraída pregunta de ¿Saprissa es qué cosa, una ciudad? El caso es que ese día yo tenía mucha tarea, pero quedé con el co-instructor de que lo tendría al tanto del marcador del partido mientras él iba al cine. Prendí la tele bajito y seguí haciendo tarea, tampoco me iba a tirar a mirarlo, todavía tengo algo de pudor. Al primer gol envié un mensaje de texto que decía 1-0 de Gómez. Recibí una llamada urgente que reclamaba más detalles. Para el segundo gol incluí todos los datos pertinentes, incluido el minuto del gol y me sentí muy satisfecha. Lo mejor vino después. El partido terminó y fui a revisar el marcador. Algo no me cuadraba. El número favorecía a los mexicanos, quienes en lugar de celebrar, agredían al árbitro. Mhhh. This is not right. Hugo manoteaba y hacía unos gestos horrorosos, la multitud también se miraba inconforme. Tal vez fueron tres largos minutos de confusión, pero lo deduje yo solita. Ganar el partido no siempre significa ganar el campeonato. Soy lo máximo, una lumbrera re-inteligente.

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