10.11.2017

librero

El draft más antiguo en mi casilla de correo
(ahora tengo tiempo de esas exploraciones)
dice así, ese draft primigenio en mi casilla:

Tengo que mandar hacer un librero para ver si me queda un poco más de espacio. Poner orden y guardar todo como debe ser. Aprovechar la luz de la ventana. Aunque luego tal vez se irán despintando  los lomos. Se me olvida que el sol es para mí, para mi cuerpo. ¿Dónde dejé el

Han pasado ocho años y un poquito desde entonces. Entonces no sabía lo que de verdad significaba no tener más espacio en el librero. Un librero compartido, soñaba. Un librero con sus libros y mis libros. Los libros de él. Él, quién sabe quién sería. Un tipo que gustase de leer libros y de comprarlos y de acomodarlos en un estante. Después, con el tiempo y  las ojeras y el cansancio y los kilos encima se te olvida. Se te olvida la buena fortuna y cuánta soledad y cuántas casualidades te ha costado esta ruma informe de libros por toda la casa. Y empiezas a joder. Como una broma, primero. Después con un poquito de pasive agressiveness. Y así quién sabe cómo te conviertes en una jodida esposa malagradecida. 

2.03.2017

Semáforo

Otra vez es febrero, verano, soledad. Otra vez, con el cuerpo inquieto y la cabeza desocupada. Otra vez, componiendo líneas que no prosperan mientras manejo. Mientras manejo, unas líneas. Unas líneas sobre un hombre petit, de lentes y cachucha y ropa que parece hecha para un dibujo animado. Vende caramelos. De limón y de uva. Caramelos ínfimos en la esquina de Arequipa y Aramburú. A veces nos cruzamos todos los días. Todos los días que nos cruzamos quiero darle una moneda, decirle que me hace sonreír. Pero no puedo solo darle una moneda: él no pretende eso. Está trabajando. Así que le digo que estoy a dieta, que quiero comprarle por adelantado. Bajo el vidrio -la luna- y le digo, ¿Te los compro y me los guardas? No puedo comer azúcar, estoy a dieta. No te preocupes, dice y creo que le faltan dientes. Tú con mucha fe y fuerza de voluntad. Solo no comas grasas ni azúcar y ya vas a ver que te resulta. Yo aquí te los guardo, me dice y toma mi moneda. Yo te voy a ir viendo aquí, en un mes vas a adelgazar, pero no te voy a ofrecer, solo te voy a saludar, dice y el semáforo nos separa. Pasa un mes y no adelgazo y me da vergüenza. Me da vergüenza no adelgazar y seguirle mintiendo. Me da vergüenza mi falta de fuerza de voluntad, aunque el ejercicio y las frutas y verduras y el maldito sudor con este verano. ¿Quieres caramelos? Quiero que con estos dos soles le regales a las policías que están ahí. Ya les di ya. Antes de que me digas, cómo no les voy a regalar. ¿Y no les puedes dar más? No, pe, yo les di bien. Pero mira, ya sé. Acá pasan muchos niños, así, chicos, a ellos les voy a dar. Dale, a ellos regálales. Chau. Chau, chau, chau. Auto, verano, tráfico, calor. Ir y venir ir y venir y nunca llegas. Siempre algo más, algo pendiente, algo que te impide ir a donde quisieras, que bien mirado no te impide pero te desvía. Aunque vayas manejando tú. Aunque sea tu auto y tu crédito y tu deuda y, hombre, tampoco es para tanto porque no lo pagas tú. Hola, hola. Hola. ¿Quieres? No tengo, no...creo que no tengo. Ah, estás misia. Sí. Entonces ten, te doy dos. Y luego, en verde otra vez.

2.08.2016

Querido diario

Este asunto de tener un diario. Para esconderlo. Para abrir una página y escribir:
Lunes 8 de febrero de 2016. Hoy me vino la regla. Porque necesitas registrarlo pero no hace falta que nadie lo sepa. Porque hace un par de meses decidiste que tal vez no sea tan mala idea que te vuelva la regla. Tal vez, junto con ella, vuelvan las palabras. La gracia. El -buen- humor. O tal vez solo la disciplina. De obligarte a sentarte un ratito para decir. Esto he visto. Esto ha pasado. He visto la sábana gris contra la piel recién bronceada. He visto la pantalla del teléfono, la hora -muy tarde-, el color bronce en las uñas. He visto, sin abrir la puerta del clóset, el vestido que quería ponerme. He visto, una vez que la abrí, un par de zapatos nuevos que había olvidado que existían. He visto que para usarlos debía resignarme a esconder el pedicure recién hecho. He visto que es hora de depilarme otra vez, pero ¿qué hace uno cuando la depiladora con quien uno se ha encariñado ya no está ahí? ¿A dónde te fuiste, Milagros? He visto que no había tiempo para hacer café, para tomar desayuno. He visto que él está cansado, que tiene calor, que se esfuerza. He visto mi piel con los poros dilatados en el retrovisor, mientras espero que salga del banco. He visto un auto tras otro tras otro en la rotonda que lleva a mi casa, justo cuando debía alejarme de ella. He visto el semáforo en rojo, en verde, en ámbar, en rojo, en rojo, en rojo. He visto a la mujer policía alzar su palma enguantada hacia mí. He visto al auto de enfrente meterse en mi carril sin previo aviso. He visto que no voy a llegar a la oficina antes de mediodía. He visto el día escaparse, en una nube de lunes y un dolor en la costilla -¿o es la espalda?- y una gabardina verde. He visto que ha sido una buena idea usar ropa interior verde militar -como la gabardina- porque qué crees, hoy me vino la regla.

10.28.2014

estado civil

Volver acá es como ir a dormir a tu cama adolescente después de mucho tiempo de vivir fuera de la casa de tus padres. Antes, en aquella otra era lejana, nadie me pagaba por escribir. Escribía acá gratis y con gusto. Con desenfado y también, es cierto de manera desprolija. Pero también hacía más ejercicio, era más flaca, me costaba menos despertar por la mañana. Todos hábitos que estoy intentando recuperar. La cosa es que me asusta un poco venir aquí sin tener agenda, deadline, número de palabras. Me asusta un poco no ser tan divertida, tan achispada, tan...como antes. A nadie le gustan las historias felices y yo vivo actualmente una que hace apenas un par de años era imposible de imaginar. Tal vez no lo imaginé por superstición. Por falta de autoestima. Por qué-sé-yo, falta de ganas. Pero nada. Estoy acá y por acá pienso quedarme un rato. Eso. 

Pero no me digan señora. Todavía no he tenido tiempo de legalizar el acta de matrimonio. 

12.01.2013

pasajera

Estos días se me van en taxis. El dinero también. Doce soles al centro. Quince de regeso. Diecisiete soles para aquí, catorce para allá. Y lo único que puedo hacer en el camino es pintarme la boquita una y otra vez y obligarme a hacer llamadas por teléfono. Nunca aprendí a leer en movimiento sin enfermarme. Ahora, algunas veces, leer me enferma también cuando no estoy en movimiento. Me compro novelas, revistas, poemarios, manuales en Kindle. Intento rescatar una palabra o dos, perderme en los párrafos mientras espero mi turno en la línea de migraciones, la cola de pacientes desmañanados y hambrientos en el laboratorio, la ventanilla del banco donde ahora van a pagarme. Mi escritorio de pronto tiene fecha de caducidad, espinas que se han vuelto más afiladas, un tufillo que me incomoda y me espanta. Pero no puedo abandonarlo aún. Aún no.

11.07.2013

CÁSATE y punto

La revista se llama CÁSATE y punto. La compras a las dos de la mañana en una gasolinera donde piensas que será  más fácil conseguir un taxi a esta hora. Es cara como una revista importada. La modelo de la portada fue tu practicante durante dos semanas. Quería entender la política y el calentamiento global. Ahora se pone vestidos ridículamente caros para que le saquen fotografías. Ahora tú estás a punto de casarte. Antes de tomar un taxi giras tu anillo y escondes la piedra. Muchacha despreocupada entrenando para ser señora precavida. Vuelves a casa, el espejo del ascensor te devuelve una minifalda y un par de ojeras. Es imperativo que te despintes las uñas ahora mismo. Pero no tienes tiempo para la vanidad. Sólo excusas. Un deadline, una agenda llena de promesas sin cumplir, una billetera que se vacía como quien camina de reversa para que nadie note su ausencia. Otra vez tienes ganas de llamar a tu madre, de contarle tus cosas mientras te acaricia el cabello que has decidido no cortarte hasta dentro de medio año. Otra vez tienes más sueño del que deberías. Más sueños de los que puedes cumplir. Estás cansada y punto. Pronto estarás casada.
Y punto

9.13.2013

Vernis à lèvres


Se pintan de rojo intenso los labios.
Las adolescentes (desubicadas).
Las prostitutas (indecentes).
Las villanas del cine y las femme fatales (malvadas).
Las artistas (excéntricas).
Las modelos (contratadas).

Las mujeres tristes que no quieren que les miren los ojos.

Todas locas.


9.11.2013

numb

Escucho pájaros cantar a las tres de la mañana.
Y no siento nada.

9.08.2013

Au revoir, tristesse

La tristeza no suele llegar para quedarse. A veces se muere un abuelo, o se marchita una planta o un amigo se muda a otro continente. Pero después uno se seca los mocos y se levanta de la cama -o del sillón- y uno se mira al espejo con los ojos enrojecidos pero uno se reconoce. Pero es posible una tristeza estructural. Una condición elefántica, imposible, carente de horizonte. Se instala en la cabeza, en el cuerpo, cubre de plomo el sueño y de agua los ojos. Y llega sin abuelo muerto ni planta marchita ni amigo lejano. Y dice, la desgraciada, aquí me quedo.

8.15.2013

mesario

En tres horas hacemos diez meses. Hacemos meses, se dice. Ahora que lo domino, me fijo más de lo habitual en este idioma que me he empeñado en aprender. Porque empiezo a extrañar el mío. Porque me voy dando cuenta de que no lo estaba practicando para navegar sino para anclar. Nunca fue el plan. Venir, aprender, escribir, respirar, firmar, comer y comer y luego marcharse. ¿Te quedas? preguntan todo el tiempo quienes se enteran de la noticia, miran la sortija -la sortija-, comparan nuestros pasaportes. Te quedas, entonces, dicen. Y no sé si eso significa que de ahora en adelante tendré que decir cada dieciséis que hacemos meses, que fuimos enamorados ocho semanas antes de convertirnos en novios. Que el año entrante tendremos el matri. Que no haremos un brindis en los salones de ninguna iglesia porque eso no se usa en México. Que no tengo planes de cambiar ni mi nombre mi ciudadanía. Que sí, que somos felices de una manera cursi. Y que voy a comprar un vestido y a besarlo y a abrazarlo todos los días de mi vida. Que me quedo con él y él conmigo.